De repente una leve vibración hizo mover el escritorio,
cogí el móvil para ver de que se trataba y me quede
estupefacta al ver el mensaje que había recibido.
He aprendido que las cosas al igual que llegan, se van.
No existe nada eterno, pero eso no tiene que impedir
que vivamos intensamente cada momento, ya que gracias
a eso, tenemos recuerdos, anecdotas que hacen posible
que nuestra vida cada día sea algo más especial.
Un día me dijeron que las mejores cosas siempre
tardan en llegar y que debemos vivir cada instante
como si fuera el último, pero siempre pensando
que habrá algo que lo supere.
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